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KANGAROO´07: UNA TRAVESÍA EN MOTO POR EL CONTINENTE AUSTRALIANO

MotoViva nº 042

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1. Introducción2. Más información3. La sociedad australiana4. Vuelta al mundo BMW

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Australia es el continente más desconocido para los españoles, pero hay algo que sí sabemos todos, y es que “está muy lejos”. A medida que explicábamos nuestro plan, que consistía en cruzar en moto desde Darwin, en la costa norte, hasta Adelaida, en la costa sur, la siguiente pregunta era “y eso serán muchos km. ¿no?”.

Las motos para esta aventura serían las cuatro BMW 1200 GS Adventure que desde Marzo de 2006 están realizando La Vuelta al Mundo (LVM), más otras dos BMW alquiladas en Australia, una para mi mujer, Conchi, y otra para un amigo de otro de los pilotos del equipo BMW. En total seis motos comenzaban esta etapa nº 21 de LVM, y que tenía dos retos principales, primero cruzar de norte a sur este continente y segundo, éste ya más personal, que Conchi se convirtiera en la primera española que realizaba la travesía del Outback conduciendo una moto.

La mayoría de los australianos, (un 80% de la población), viven de cara al mar, y al referirse a la parte interior del país la llaman Outback, que viene a significar “fuera de nuestra espalda”, vamos, queriendo decir, “lo que está a nuestra espalda, y que no nos interesa demasiado”. Por el número de personas que lo habitan se le considera un terreno desértico, y en muchas ocasiones también lo es por su vegetación, aspecto y temperaturas. Nuestro itinerario comprendía más de 3.500 km. por el outback, y no nos defraudó.

Verdaderamente, para alguien que quiera conocer la auténtica Australia, la Australia profunda, y que no se sienta intimidado por las grandes extensiones, es inevitable hacer un recorrido por el centro del país. A medida que trascurren las jornadas en este entorno, las grandes distancias empiezan a ser relativas, es normal hablar de un lugar que se encuentre a 300 ó 400 km. como “cercano”. Durante tramos de 500 km. lo más probable es encontrar solamente un par de poblaciones, que en muchos casos no llegan a la treintena de habitantes, gasolineras cada 200 km., no cruzarte con ningún otro vehículo durante horas…

Entre Darwin y Adelaida, separadas entre sí unos 3.000 km., el único lugar al que se le puede llamar ciudad es Alice Springs, equidistante entre ambas, y que gracias a su cercanía con la famosa y turística Ayers Rock (480 km.!) se ha convertido en punto de partida para su visita, con todo su población supera por poco las 20.000 personas. Pero a pesar de tanta soledad, o quizás por ello, el encanto del Outback es innegable. Conducir por rectas de decenas de km., parar la moto y no oír absolutamente nada, esa atmósfera limpia que permite contemplar unas noches plenas de estrellas, entre las que destaca la Cruz del Sur (visible únicamente en este hemisferio), el inevitable saludo con los conductores de los Road Trains (camiones con cuatro remolques) y el resto de los escasos vehículos con los que nos cruzábamos, las charlas con los clientes en cualquier bar, el típico pub australiano, girarte lentamente 360º y perder la vista en un horizonte al que la luz y la fuerza del sol parecen derretir…todo esto confiere un significado especial a esta vasta zona.

En esta parte del mundo, la carretera es sólo una única y estrecha cinta de asfalto que no ha podido sustituir a las pistas de tierra. Salvo en contados lugares, los teléfonos móviles suelen ser unos aparatos inútiles, ya que las emisoras siguen siendo el único medio para comunicarse, y los 4x4, más que una moda pasajera o una demostración de status social, son una necesidad.

La carretera que divide al outback lleva el nombre del primer europeo que, después de varios intentos, consiguió cruzar la parte central de este continente, se llamaba John McDouall Stuart y su hazaña, como toda la historia de este país, es reciente, ya que solamente debemos retroceder hasta el año 1862 para encontrar el relato de la misma. El nombre como se conoce a esta carretera es Stuart Highway.

Los pueblos del Outback cuentan con una historia tan corta que a la entrada tienen unos paneles informativos, donde te explican a que se debe su nombre, quién o quienes fueron sus fundadores, el porqué del asentamiento allí y no en otro lugar, si durante su existencia han soportado algún desastre tal como incendios, inundaciones… todo ello acompañado con fotografías en color sepia que hacen referencia a los sucesos que allí te relatan. Y si tienes un poco de suerte, quizás la historia te la cuente “en vivo” algún hijo de su fundador, ya que la mayoría de estos lugares nacieron como consecuencia de la llegada de los vehículos al Outback.

En los viajes, como en la vida, hay ocasiones que en segundos hay que tomar decisiones que pueden cambiar totalmente el rumbo de los acontecimientos. Nuestro equipo no llevaba recorridos ni 100 km. desde nuestro lugar de partida cuando llegó el momento de elegir una opción que cambiaría todos los planes previstos. Desde nuestra salida en Darwin la lluvia nos había acompañado durante toda la mañana, caía con fuerza, era una de las típicas tormentas tropicales. Debido al desbordamiento de algunos ríos, había tramos de la carretera que se encontraban totalmente inundados, y en un cruce teníamos dos posibilidades, continuar por la Stuart o tomar otra carretera que volvía a juntarse con ésta unos 80 km. más al sur. Pensando que se encontraría en mejor estado, la mayoría de los pilotos optaron por la segunda carretera, excepto Conchi y yo que decidimos continuar por la que habíamos llevado hasta ese momento.
Al llegar a la población que teníamos como fin de esa primera jornada, comprobar que pasaban las horas y nuestros compañeros no aparecían, empezamos a temernos lo peor. La falta de cobertura en los teléfonos móviles impidió que nos pudiéramos poner en contacto con ellos y conocer dónde se encontraban y cual era su situación. A la mañana siguiente, y después de esperar un tiempo prudencial, nos pusimos en marcha con la esperanza de que a lo largo del día nos alcanzarían. Hasta 48 horas después no volvimos a tener operativo el teléfono móvil y fue entonces cuando nos enteramos de lo ocurrido.
En la carretera que ellos escogieron se encontraron con una zona inundada de más profundidad que las anteriores, al intentar su vadeo tuvieron problemas y 3 de las motos se pararon y cayeron al agua. Una no volvió a arrancar y su piloto y ella tuvieron que desandar, en una camioneta, el camino hasta el concesionario de Darwin de donde pasados 3 días salió ya reparada. Debido al agua que entró en el motor, otra de las motos sufrió, 700 km. más al sur, una grave avería, teniendo que ser trasladada hasta Adelaida también en un camión. Todos estos acontecimientos condicionaron el resto de la etapa e imposibilitaron que las 6 motos volvieran a viajar juntas, por lo que Conchi y yo realizamos en solitario prácticamente todo el viaje.
Poco a poco fuimos dejando atrás las lluvias, y durante día y medio el sol y el calor fueron nuestros nuevos compañeros de viaje, pero unos 100 km. antes de Alice Springs el entorno ya delataba que por allí tampoco se habían librado de las inundaciones. El cielo volvió a cambiar el azul por intenso gris oscuro y al poco una nueva tormenta descargó sobre nosotros. Pasamos un día de descanso en Alice, realizamos el acto de hermanamiento que teníamos previsto entre Alba de Tormes y una comunidad de aborígenes, cercana a Alice, con el curioso nombre de Santa Teresa, aunque para ello tuviera que desplazarse hasta la ciudad uno de los misioneros que la dirigen, ya que, debido a las lluvias de los últimos días, la pista para llegar hasta Santa Teresa sólo era transitable para los 4x4. La entretenida charla con Walter, que así se llamaba el misionero, nos hizo conocer algo más acerca de esta etnia, de sus tradiciones, sus problemas y su forma de vida.
Tras dejar atrás Alice nos encaminamos hacia quizás la estampa más singular de Australia, Ayers Rock o Uluru. Unos 200 km. antes de alcanzar la mítica roca, y tras toda una mañana viajando bajo el agua, nos enfrentamos a lo que parecía uno de los momentos más delicados del viaje. A lo largo de 200 ó 300 m. la carretera había desaparecido bajo una gran capa de agua y lodo, varios 4x4 estaban sopesando la mejor ruta para vadear la zona, dos de ellos pasaron y ya llegó nuestro turno. La calma, el tacto con el puño del acelerador y, porqué no, también la suerte, hicieron que aquel vadeo quedará como una anécdota más.
La primera impresión que te produce Uluru quizás sea algo menor que la visión del Glaciar Perito Moreno, Monumentt Valley o Grand Canyon, pero poder contemplar el atardecer y el amanecer frente al gran monolito, de 9 km. de perímetro y unos 330 m. de altura, es algo difícil de olvidar. Observar como, a medida que la luz del sol va ganando terreno a la oscuridad, la tonalidad de su color ocre va cambiando, es un espectáculo único y está considerado como el lugar sobre la superficie de la tierra donde se puede ver el que quizás sea uno de los dos o tres amaneceres más llamativos. Pero claro, tanta maravilla no puede ser gratuita, ya que, como sucede en otros lugares del mundo, el gobierno se encarga de cobrar la entrada para poder contemplarlo (unos 15 el ticket válido para 3 días).

A pesar de estar reconocida la propiedad de la roca al pueblo aborigen, y que ellos no quieren que se permita la ascensión al Uluru, al considerarla un lugar sagrado, el gobierno no pone ninguna objeción a ello. Solamente los días de excesivo calor o con fuertes vientos está prohibida la subida a la roca, lógicamente por razones, digamos, de precaución, no por razones culturales.
Con la inolvidable imagen de Uluru en nuestro cerebro, pusimos rumbo a recorrer parte de la antigua pista central, se llama Oodnadatta Track. Esta pista me recordaba a las recorridas el año pasado por la Patagonia, aunque afortunadamente su dureza es menor, no hay tanta piedra suelta, es tierra más compacta y, a diferencia de la Ruta 40 argentina, aquí el viento no es un suplicio.
Tras recorrer 450 km. por la Oodnadatta acabamos en un peculiar pueblo, Coober Pedy. Cuando llegas, si no sabes nada de él, la primera impresión es de arrepentimiento. Lo primero que pasará por tu cabeza será “¿quién me habrá mandado venir hasta aquí?”, aunque en nuestro caso, al quitar el contacto de las motos, éramos perfectamente conscientes de lo que hacíamos.
A primera vista no tiene nada especial, solamente su calle principal está asfaltada, los niños de Coober Pedy sólo conocen los árboles por fotografías, su paisaje es árido, se encuentra enclavado en una hondonada…y además hay millones de moscas. Pasaría por ser otro de los escasos pueblos del Outback, sino fuera porque sus construcciones subterráneas le han hecho famoso, ésto y el ser el mayor productor mundial de ópalos.

Los hoteles, restaurantes, tiendas de recuerdos, iglesia…están construidas aprovechando las antiguas minas para extraer el ópalo y al no tener ventanas al exterior, combaten así las altas temperaturas que durante el verano austral (Diciembre, Enero y Febrero) llegan fácilmente a superar los 45 º. Después de un curso acelerado sobre los distintos tipos, variedades y presentaciones de ópalos, Conchi se lanzó a dos laboriosas tareas, buscar uno bonito (muchos donde elegir) y a buen precio (tarea todavía más complicada), ya que si habíamos parado en Coober Pedy sería imperdonable marcharnos sin uno o varios ópalos.
Dejábamos atrás el Outback y nos acercábamos a la costa, los bosques de eucaliptos poblaban ambos lados de la carretera y nuestro siguiente objetivo era una famosa carretera, que según dicen es de las más bonitas del mundo, su nombre la “Great Ocean Road”. Unos 300 km. al sur de Melbourne comenzamos su recorrido.

En los últimos veinte años hemos tenido la oportunidad de recorrer pistas y carreteras míticas, la Transahariana, la Ruta 66, la Austral chilena, la Ruta 40 argentina…y desde luego que la “Great Ocean Road” hay que incluirla entre éstas. Sus primeros km. recortan una costa llena de acantilados, donde la furia de las olas han causado trágicos naufragios, aunque esta misma fuerza del mar también ha hecho posible formaciones rocosas tan espectaculares como la conocida con el nombre de “Los Doce Apóstoles”. Más tarde la carretera se adentra hacia el interior, atravesando bosques, parques naturales, con continuas subidas, bajadas, curvas…territorio ideal para disfrutar viajando en moto. Sus últimos 125 km. discurren otra vez en paralelo al mar, en esta ocasión junto a una costa menos salvaje, alguna que otra playa, y con unas vistas que nos obligan a parar una y otra vez.

En Melbourne llega el momento de entregar la moto que ha llevado Conchi durante todo el recorrido. Los últimos 1.000 km. que nos restan de viaje, y que nos llevarán hasta Adelaida, los hará en el asiento trasero de mi BMW. Pero antes de terminar nos encontramos con una sorpresa relacionada con la provincia de Salamanca. En las cercanías de un pueblo llamado Horsham encontramos una montaña granítica llamada MOUNT ARAPILES, famosa entre los escaladores australianos. Indagando acerca del porqué de este nombre nos enteramos que se lo dio el primer europeo que la escaló, Sir Thomas Mitchell en el año 1836, ya que le recordaba unos montes que había visto en España, en una de sus campañas con el ejército inglés, sin duda en clara referencia a los salmantinos Arapiles.
Y por fin en Adelaide nos volvimos a juntar los componentes de este equipo de La Vuelta al Mundo BMW. Una cena, que las circunstancias de los primeros km. de esta etapa australiana hicieron que fuera al mismo tiempo de bienvenida y despedida, puso punto final a nuestro recorrido por este lejano continente.
Ah, y las respuestas a las dos preguntas del comienzo de este reportaje son, que se necesitan casi 30 horas de vuelos para llegar hasta Australia y que al final recorrimos 6.100 km sobre las motos.
Aunque con una marcada influencia anglosajona, Australia es un claro ejemplo de lo que normalmente llamamos “crisol de culturas”. En la década de los 60, y con el fin de “llenar” el país, sus programas de inmigración se hicieron famosos en todo el mundo.

El estilo de vida norteamericano está muy asentado por todas partes, pero circulan por la izquierda y en sus monedas tienen la misma imagen que los británicos, la de la reina Isabel II, y en su bandera figura también la enseña británica. Como los escandinavos, son unos grandes amantes del bricolaje y de la naturaleza, su pasión por el sol y el mar es una clara referencia a la cultura mediterránea, en el cumplimiento de muchas de las normas tienen un carácter germánico, y desde que en 1973 se aboliera la llamada “política de la Australia blanca”, a los australianos no les ha quedado más remedio que adaptarse a la “invasión”, que desde hace años están recibiendo del sudeste asiático. Están convencidos, y así nos lo contaron, que en poco más de 15 ó 20 años la mayoría de la riqueza del país estará en manos asiáticas.

Sabedores de esa imagen de “hombres, y mujeres, duros y aventureros” que la historia les ha otorgado, el australiano tiende siempre a demostrarlo, en especial las gentes del Outback. Sin duda las peculiaridades del terreno y su clima exigen de sus habitantes ese especial carácter para crecer y vivir en este entorno. Como todos los pobladores de zonas remotas, les gusta hablar con los viajeros que hasta aquí se acercan, preguntar por su viaje, por su país de procedencia, siempre tienen alguna historia o hazaña que contar, y llegado el caso, cuando alguien está en dificultades, no dudan en ofrecer su ayuda y su hospitalidad.

Los australianos también han sabido “crear” cosas “típicamente australianas”, como las rectilíneas pistas de tierra rojiza del Outback, el surf, la asistencia médica en avioneta (Royal Flying Doctor), o la escuela mediante emisoras de radio (School of the Air). Mención aparte merecen los conocidos “Road Trains” (trenes de carretera), los grandes camiones que cruzan el de norte a sur el continente arrastrando hasta cuatro remolques, y que pueden llegar a tener una longitud de 60 m. Cuando estás parado junto a la carretera, oyes como se acerca uno de ellos, y lo sientes pasar a escasos metros de ti, comprendes rápidamente que su nombre no es sólo por su longitud, sino también por el estruendo y los temblores que producen sus veintitantos ejes de ruedas.

Viajar en moto, y adelantar o cruzarnos con uno de estos camiones era toda una experiencia a la que podemos definir, cuando menos, como “delicada”. Su velocidad de crucero es de unos 120 km/h, lo que lógicamente no representa un problema en sí, el problema viene dado por el último remolque y los bandazos, que debido a la velocidad y a la longitud del convoy va dando continuamente. Si a todo esto unimos la lluvia, cada vez que nos encontrábamos con uno de ellos y salvábamos con éxito la situación, (afortunadamente siempre), era casi una “hazaña”.

Desde la llegada de los europeos, los aborígenes siempre han sido un obstáculo para éstos y sus ansias de conquista. Durante años intentaron exterminarlos por todos los medios posibles, o mejor dicho, por el medio más contundente y expeditivo, cualquier disculpa era buena para realizar matanzas indiscriminadas, y durante mucho tiempo su asesinato por parte de los “blancos”, no estuvo penado.

Con remontarnos unos cuantos decenios encontramos la última matanza de aborígenes, precisamente en las cercanías de Alice Springs. En la actualidad se calcula que pueden ser unos 400.000 los aborígenes existentes, cantidad que ha crecido considerablemente desde 1976 cuando se realizó un censo en el que solamente se contabilizaron unos 175.000.

La cultura y tradiciones de está raza son de las más antiguas de la tierra, y también son peculiares sus rasgos faciales que tanto asustaron a los primeros exploradores. Existen diversas teorías acerca de la procedencia y la forma en que los aborígenes llegaron hasta aquí, éstas fijan su llegada hace unos 45.000 años, procedentes del sudeste asiático.

Bien por falta de interés del gobierno o por la continua negación de los aborígenes, el caso es que su integración en la sociedad es más baja de la deseada. En la actualidad muchos de ellos malviven en el Outback, lugar donde el gobierno los controla alejados de las grandes ciudades, y los mantiene mediante subsidios y gratificaciones a cambio de la cesión de la explotación minera de terrenos que han sido reconocidos como propiedad de los aborígenes. En otros casos es a cambio de la utilización turística de terrenos, como Ayers Rock (Uluru en idioma aborigen), lugar sagrado para esta raza, lo cual no representa un impedimento para que sea uno de los puntos más visitados de toda Australia.

En estas condiciones, con dinero asegurado cada mes, y sin tener ninguna expectativa de un trabajo digno, buena parte de ellos gastan su tiempo y dinero en beber grandes cantidades de cerveza y fumar continuamente, resultado, muchos son alcohólicos y deambulan de un lado para otro dentro de las pequeñas poblaciones del Outback y, en menor número, por sus ciudades.

Debido a varios factores, principalmente al aislamiento de Australia, su tardío descubrimiento y, sobretodo, a la baja densidad de población, este país es hábitat de especies únicas en el mundo. Si hablamos de animales todos asociamos inmediatamente la figura del canguro como icono representativo de Australia, no en vano son más de cuarenta millones los que se calcula que pasan su vida dando saltos de un lado a otro del país. Ni las batidas autorizadas, ni los muchos atropellos por parte de los vehículos, han conseguido reducir su número.

A la hora de viajar es importante respetar una regla de vital importancia para nuestra seguridad y en la que el gobierno pone especial interés. En zonas con un elevado número de estos animales es muy arriesgado conducir de noche, con la oscuridad es cuando los canguros se muestran más activos, se mueven de una parte a otra y, lógicamente, el cruzar las carreteras no es ningún obstáculo para ellos. Solamente los Road Trains mencionados anteriormente, que cuentan con unas defensas delanteras capaces de arrollar a cualquier animal que se cruce en su camino, se atreven a circular de noche.
Como era de esperar con tal cantidad de canguros algún beneficio se tenía que obtener de ellos, su carne es comestible, tiene un agradable sabor aunque su textura es más bien fibrosa, y también su piel es utilizada para muchos objetos.

Otros animales, habituales en los bosques de eucaliptos del sur, son los koalas, que con su aspecto de “muñeco de peluche” nada más verlos ya inspiran una gran simpatía. También están poco habituados al tráfico rodado y no es difícil encontrarlos cruzando cualquier carretera, con el consiguiente susto tanto para el conductor como para el pobre animal, en especial si se encuentra con dos motos, y sus respectivos pilotos se bajan inmediatamente, cámaras de fotos en mano, con el fin de tomar algunas fotografías.

Hace unos años eran muy pocas las españolas que conducían una moto de cierta cilindrada, como en otros aspectos de la vida cotidiana, su presencia en este campo ha ido en aumento. Incluso algunas ya se atreven a hacer un viaje en moto fuera de nuestras fronteras, pero si hablamos de una travesía por el continente australiano la cosa ya toma tintes, cuando menos, de algo excepcional.

Y ha sido una salmantina, de Alba de Tormes concretamente, la que se ha convertido en la primera mujer española, que se conozca hasta la fecha, que ha cruzado el Outback conduciendo una moto. De este modo, dejando el asiento de acompañante de la moto de Jaime y pasando a tomar los mandos de otra BMW, Conchi Cosme ha disfrutado ( y en ocasiones como los otros pilotos, sufrido) de esta travesía “Kangaroo 07”.
Cuatro motos, 30 etapas, 120 pilotos de nueve países diferentes que se relevan a los mandos de las motos, 18 meses de viaje, recorridos por los cinco continentes…son algunas de las cifras del más espectacular y complejo viaje en moto organizado en España.

Recorridos por desiertos, junglas, pasos de montaña de 5.000 m. de altura, pequeñas poblaciones, las ciudades más importantes del mundo…son testigos del paso de las cuatro BMW 1200 Adventure preparadas para soportar las duras condiciones de un viaje de estas características y que tendrá su final a mediados de Septiembre en España.
Las normas son muy sencillas, recoger las motos en la fecha y punto del planeta marcados por la organización y hacer su entrega al equipo siguiente en lugar y día indicado. El recorrido entre ambos puntos lo prepara el equipo correspondiente según sus preferencias.

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1 comentarios a "KANGAROO´07: UNA TRAVESÍA EN MOTO POR EL CONTINENTE AUSTRALIANO":

  • fulanosx dice (26 / 02 / 2008):

    que envidia me da leer este tipo de cosas, puede que algún día... jejeje

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